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En Chile, miles salen a la calle y planean nuevas protestas.

“Hay un sistema de desarrollo económico que nos ha acostumbrado a la injusticia”, dijo un estudiante universitario de 24 años. Miles de personas protestaron durante días.

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SANTIAGO, Chile – Miles de chilenos llenaron el martes una plaza en el centro de la capital en el 12 ° día de manifestaciones que comenzaron con protestas juveniles por un alza de tarifas en el metro y se transformaron en un movimiento nacional sin líderes que exige una mayor igualdad y mejores servicios públicos en un país visto desde hace mucho tiempo como una historia de éxito económico.

Un movimiento para satisfacer una de sus demandas, en sustitución de la constitución de la era de la dictadura de Chile, pareció ganar algo de impulso en el congreso del país.

Las marchas comenzaron a primera hora de la tarde y cuando se puso el sol, hubo un ambiente festivo en la Plaza Italia, un punto de reunión durante las manifestaciones. Los manifestantes golpearon ollas y sartenes, tocaron silbatos de plástico y agitaron las banderas indígenas chilenas y mapuche. Los vendedores vendían bocadillos, joyas, sombreros y camisetas. Los manifestantes, muchos de 20 y 30 años, presionaron para que se hicieran cambios a un modelo socioeconómico dominante en el mercado que haya privatizado total o parcialmente las pensiones, la salud y la educación. Levantaron carteles que pedían una reforma de las pensiones, el fin de la propiedad privada de los derechos de agua o la renuncia del presidente Sebastián Piñera.

“Hay un sistema de desarrollo económico que nos ha acostumbrado a la injusticia, una profunda insatisfacción entre la gran mayoría de las personas que sienten que no están viendo los beneficios del desarrollo económico”, dijo Jorge Pinto, un estudiante de 24 años de administración Pública.

En varias calles laterales, la atmósfera era más tensa, ya que grupos de manifestantes enmascarados prendieron fuego a basura y árboles en un parque local, antes de que la policía los persiguiera con gases lacrimógenos y cañones de agua. Los intentos de marchar a La Moneda, el palacio presidencial, fueron frustrados por las barricadas policiales.

Algunos manifestantes están enojados con el sistema de jubilación, que obliga a los chilenos a entregar el 10 por ciento de sus ingresos a los administradores de fondos privados y luego recibir pensiones que apenas cubren un tercio de los gastos mensuales de la mayoría de las personas. Otros se enojan por un sistema de salud pública que hace que muchos meses de espera para una cita con un especialista, o busque atención privada costosa.

Otros se resienten de los préstamos universitarios que todavía están pagando en sus 40 y 50 años, incluso cuando el 1% de la población gana el 33 por ciento de la riqueza de la nación, lo que convierte a Chile en el país más desigual del grupo de naciones ricas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Prácticamente ninguno ha quedado satisfecho con la respuesta de Piñera a las protestas, que incluye reemplazar a ocho ministros, hacer un llamado al diálogo nacional, ofrecer pequeños aumentos en el salario mínimo y las pensiones más bajas, mayores impuestos a los ricos y disminuciones en los precios de la medicina y la electricidad.

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