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“Ciudad de las mujeres”: un refugio para los desplazados de Colombia

Durante el conflicto armado de más de medio siglo en Colombia, el derramamiento de sangre entre guerrilleros de izquierda, paramilitares de derecha y el ejército del país obligó a casi ocho millones de personas a huir de sus hogares.

Las mujeres y los afrocolombianos, en particular, enfrentaron mayores niveles de violencia en el conflicto y a menudo llegaban a ciudades lejanas sin nada ni nadie. En un barrio empobrecido de la sofocante ciudad costera de Cartagena, un grupo de mujeres desplazadas decidió hacer algo al respecto.

Formaron la Liga de Mujeres Desplazadas y en 2003 comenzaron a construir su propia comunidad ladrillo por ladrillo: La Ciudad de las Mujeres.

La ciudad, en el municipio cercano de Turbaco, est√° compuesta por 100 casas que las mujeres construyeron con sus propias manos.

Una vista de un letrero que dice: "cuidado, el machismo mata" en la Ciudad de las Mujeres

Durante el conflicto armado de Colombia, la violencia sexual y los ataques contra mujeres fueron utilizados para sembrar el miedo. Muchas de las mujeres en la ciudad son sobrevivientes de esa violencia.

Ofrece refugio a las mujeres y sus familias que enfrentaron asesinatos, violaciones, amenazas y otros actos de violencia tanto en sus hogares como durante su desplazamiento. Todos los cr√≠menes contra ellos permanecen en la impunidad.

Esa lucha los ha unido y les ha dado el poder de rechazar cosas como el machismo, las normas sociales y los estigmas contra las personas desplazadas que a√ļn son importantes en gran parte del pa√≠s.

Las l√≠deres de la Ciudad de las Mujeres se re√ļnen en su centro comunitario el 20 de enero de 2020 cerca de Turbaco, Colombia.
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“La guerra nos hab√≠a quitado nuestros hogares, te separ√≥ de tus costumbres, tus sue√Īos, tu tierra”.

Consuelo Villega Mendoza, de 44 a√Īos, es de una ciudad en la regi√≥n norte√Īa de Sucre, y se vio obligada a huir despu√©s de que los paramilitares comenzaron a masacrar comunidades cercanas a su hogar.

“Era solo cuesti√≥n de tiempo hasta que te pasara a ti”, dijo.¬†“Me fui por miedo”.

“Ser parte de la Liga de Mujeres Desplazadas me ha ayudado mucho porque me han ense√Īado c√≥mo seguir adelante”.

Una placa que dice “La Ciudad de las Mujeres” dice que convirti√≥ el sue√Īo de las mujeres de una vida digna en realidad.

Una placa que lee "La Ciudad de Mujeres", o "La ciudad de las mujeres", se encuentra en el centro de la ciudad.

Las mujeres en la ciudad han luchado para obtener justicia por los crímenes cometidos contra ellas, pero los 159 casos de violencia de género y desplazamiento siguen sin resolverse.

Alneris Orozco Caupo, de 47 a√Īos, posa para un retrato en un espejo en su casa en la Ciudad de las Mujeres. Originaria de la regi√≥n noroeste de C√©sar, se vio obligada a huir con sus dos hijos peque√Īos hace m√°s de 20 a√Īos debido al conflicto territorial entre paramilitares y rebeldes de las Farc.

Con orgullo muestra fotos de sus hijos gradu√°ndose de la escuela secundaria y la universidad, algo que nunca pudo lograr debido a la violencia.

Alneris Orozco Caupo, de 47 a√Īos, posa para un retrato en un espejo en su casa en la Ciudad de las Mujeres

Elvia Bautista, de 53 a√Īos, de la regi√≥n de C√≥rdoba en Colombia, muestra un peque√Īo sombrero que hizo con fibras de las plantas de su casa.

Antes de ser desplazada por la fuerza, sol√≠a tejer grandes sombreros tradicionales colombianos, pero las plantas de su casa en C√≥rdoba no existen en las llanuras secas cerca de Turbaco, por lo que hace todo lo posible para tejer y vender las peque√Īas.

Elvia Bautista, de 53 a√Īos, de C√≥rdoba, Colombia, muestra un peque√Īo sombrero hecho de fibras de las plantas de su casa.

Erika Maria Gamarra Caro, de 42 a√Īos, es de El Carmen de Bol√≠var y huy√≥ a Cartagena despu√©s de que miembros de su familia fueron asesinados durante las masacres llevadas a cabo por paramilitares de derecha mientras luchaban contra los rebeldes izquierdistas de las Farc.

Ella dice que fue agredida sexualmente repetidamente durante su desplazamiento, pero la Liga la ayudó a recuperarse.

Erika Maria Gamarra Caro, 42, (centro) se ríe durante una reunión con otros miembros de la Liga de Mujeres Desplazadas.

“Me di cuenta de que era una mujer y que ten√≠a derechos, y comenc√© a exigirlos”, dijo.¬†“Ahora, no soy una mujer t√≠mida, no soy una mujer incapaz de hablar por miedo o la sensaci√≥n de que como mujer no valgo nada”.

Un cartel que dice "paz" se encuentra en la ventana de una casa en la Ciudad de las Mujeres el 20 de enero de 2020.
Image captionUn letrero que dice “paz” se encuentra en la ventana de una casa en la Ciudad de las Mujeres.

Mientras construían las casas, miembros de su comunidad fueron asesinados, violados y amenazados, pero dicen que su ciudad terminada se erige como un símbolo de resistencia pacífica.

Carmen Beluas, de 45 a√Īos, huy√≥ de su casa en Copey a fines de la d√©cada de 1990 despu√©s de que su marido fue asesinado por fuerzas paramilitares que los acusaron de estar afiliados a la guerrilla.

Carmen Beluas, de 45 a√Īos, huy√≥ de su casa de Copey, Colombia, a fines de la d√©cada de 1990, luego de que su esposo fue asesinado por las fuerzas paramilitares que los acusaron de estar afiliados a la guerrilla.

Se fue con sus tres hijos y lleg√≥ a Cartagena sin conocer a nadie. Ella dice que siempre recordar√° c√≥mo le quitaron a su esposo.

“Es algo que nunca volver√° a la normalidad. S√© que tengo mis hijos, pero todav√≠a hay cosas que nunca olvidar√©”.

A pesar de su nombre, la Ciudad de las Mujeres tambi√©n tiene residentes masculinos. Las mujeres, a menudo jefas de hogar, crearon la ciudad para que vivan sus hijos y parejas y la comunidad ha crecido a medida que los miembros comenzaron a tener sus propias familias en la Ciudad de las Mujeres.

El esposo y el hijo del líder comunitario Eidavis Montes.

El esposo y el hijo del líder de la liga, Eidavis Montes, cuidan a su bebé en la sala de su casa.

La comunidad es completamente autosuficiente y tiene su propia escuela, tiendas, restaurantes y centro comunitario para ni√Īos.

Los nombres de los miembros de la Liga de Mujeres Desplazadas y los dibujos de las casas est√°n escritos en una pared multicolor en el centro comunitario de la Ciudad.
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Eidavis Montes y el líder de la comunidad, Lubis Cárdenas, dicen que la Ciudad ha cambiado los roles de las mujeres y su perspectiva de la vida.

Los líderes comunitarios Eidavis Montes y Lubis Cardenes se abrazan mientras caminan por las calles de su ciudad el 20 de enero de 2020.

“A menudo, las mujeres en el campo son t√≠midas, cuidan a los ni√Īos, cuidan a sus esposos. Si no sabes nada m√°s, siempre tendr√°s ese papel”, dice Eidavis Montes.

“Esta vida que hemos creado me ha ense√Īado que soy una mujer con derechos, que podemos hacer otras cosas”.

Mientras Colombia lucha por salir de más de medio siglo de conflicto armado, las mujeres de la ciudad planean contar sus historias y buscar justicia ante el sistema judicial de transición del país.

“Esta vida que hemos creado me ha ense√Īado que soy una mujer con derechos, que podemos hacer otras cosas”, agrega Montes.

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