La serie de horror «Archivo 81» fenómeno de Netflix.

Archive 81

Viejas cintas de vídeo analógicas quemadas en un incendio, sociedades secretas, brujas, cultos esotéricos, deidades malignas, edificios malditos, polvo de estrellas de un cometa, realidades paralelas…

La serie ‘Expediente 81’ muestra un universo irresistible para cualquier aficionado al género fantástico en cada una de sus variantes: terror analógico, sectas, brujería, horror cósmico, mundos ocultos.

Una enciclopedia del miedo en impactantes imágenes granuladas; tan solo una semana de su estreno en Netflix, el pasado 14 de enero, la serie, de ocho episodios, se ha convertido en un fenómeno de audiencia que, afortunadamente, parece destinada a ir mucho más allá del cañonazo de consumo inmediato y viaje fugaz tan propio de la plataforma.

Intentaremos explicarte todos los secretos sin ‘spoilers’ de la serie de terror que te atrapará irremediablemente entre su infinito mar de capas visuales y sonoras.

¿De dónde viene?

‘Archivo 81’ se inspira en un podcast del mismo nombre de 2016 definido por sus creadores, Dan Powell y Marc Sollinger, como “found footage de terror sobre rituales, historias y sonido”, del que actualmente se encuentran disponibles tres temporadas.

En los créditos de la serie, James Wan, un genio del terror responsable de hitos en el género como las sagas ‘Saw’, ‘Insidious‘ o ‘Warren File’, aparece como gancho, pero el gran artífice de la adaptación televisual de ‘Archivo 81’ es la ‘showrunner’ Rebecca Sonnenshine, productora ejecutiva y guionista de la maravillosa serie ‘The Boys’.

Visualmente estilizada, compleja en su estructura de rompecabezas con sus diversas líneas de tiempo, la serie relata los altibajos de Dan Turner (Mamoudou Athie), un restaurador de películas que recibe un misterioso encargo: recuperar el contenido de cintas de video quemadas que un joven documentalista, Melody Pendras (Dina Shihabi), había grabado antes de desaparecer en 1994 tras un aterrador incendio en el edificio Vasser de Nueva York.

Entre el terror psicológico y el drama familiar, los directores Rebecca Thomas (‘Stranger Things’), Justin Benson & Aaron Moorhead (‘Infinity’) y Haifaa Al Mansour (‘Mary Shelley’) combinarán la actualidad, con su aséptico digital textura de la imagen, y el tiempo pasado de 1994, con la textura granulada e inquietante, analógica de las cintas grabadas por Melody con su Sony Handycam doméstica.

Un clima frío de brujería e inquietud, a veces de delirio incontrolado, en el que la incómoda banda sonora de Geoff Barrow y Ben Salisbury, estrechos colaboradores de Alex Garland, para quien compusieron las ‘partituras’ de ‘Ex machina’, ‘Annihilation ‘ y ‘Devs’, tiene mucho que ver.

Una mitología propia

‘Archivo 81’ se construye a partir de una serie de capas superpuestas en las que cada elemento juega un papel fundamental hasta el punto de constituir una pieza clave en el puzzle que el personaje de Dan Turner intenta recomponer.

Hay un canto de invocación maldito, algunas máscaras de ‘Ojos bien cerrados’, reuniones clandestinas en el sótano y objetos que parecen contener un simbolismo extraño.

Poco a poco van surgiendo los misterios que tienen que ver con un culto demoníaco, un movimiento pictórico llamado ‘Receptores de Espíritus’, una película ‘snuff’ y un polvo cósmico que, en forma de moho, crece en el edificio provocando alucinaciones y que llega de un cometa que toma el nombre del barquero que lleva las almas a otro mundo, Caronte.

Esta serie se nutre de una rica mitología en la que encontramos brujas (los Baldung), un demonio (Kaelego), una sociedad secreta de los años 20 (los Iris Vos) y un edificio maldito (los Vasser) que es la puerta a otro universo paralelo en el que el tiempo se detiene.

Rituales, médiums, fantasmas, terror espacial, espiritismo, protocine, lecturas de tarot y leyendas; en definitiva, un cúmulo de componentes capaces de generar un universo loco de lo más inquietante, con amplias posibilidades de tener una segunda temporada dado el final abierto de la primera.

El cóctel infinito de referencias

El coleccionismo está presente desde las primeras secuencias, ya que Dan se dedica a recopilar todo el material VHS que puede y, al mismo tiempo, trabaja en un Museo de la Imagen; por ese motivo se puede apreciar rarezas como ‘Flash Gordon conquista el Universo’, de 1940, se citan para restaurar, cuyo ‘lobby’ está adornado con escenas de películas de Meliès, el primer director que nos sumergió en lo fantástico.

En su casa, el protagonista tiene cintas que van desde ‘The Beyond’, de Masaki Kobayashi, hasta ‘The Thing’, de John Carpenter, pasando por ‘Trauma‘, de Dario Argento, y carteles de ‘House’, de Nobuhiko Ôbayashi, ‘Diabolic’, de Mario Bava, y ‘Solaris’, de Andréi Tarkovski, película que encontrarás en el búnker donde restauraran las cintas quemadas; como ‘Nihm, el mundo secreto de la señora Brisby’, que perteneció a Melodie Pendras y cuya historia contiene algunas claves que aparecen en la propia serie.

En la arquitectura narrativa se pueden rastrear claras influencias de ‘El resplandor’ o ‘La semilla del diablo’, ‘Candyman’, ‘La dimensión desconocida’, ‘Expediente X’, ‘Fringe’ o ‘El anillo’; y autores de terror como HP Lovecraft, Edgar Allan Poe o más recientes como Mark Z. Danielewski y su novela ‘La casa de las hojas’. ‘La divina comedia’ está incluso presente en los nombres de los personajes y en su simbolismo a través de un progresivo descenso a los infiernos.

Además, la conexión que se establece entre Dan y su padre a través del cine artesanal de Ray Harryhausen es preciosa. La fascinación por la imagen analógica ‘Archicvo 81’ es una muestra muy sofisticada de la fascinación que, en plena era digital, despierta la vieja tecnología analógica; las cintas VHS, las videograbadoras Betacam o las videocámaras Handycam, con sus texturas granulosas, las interferencias electromagnéticas y el ruido de fondo como abrumador apoyo de misterios insondables.

La serie, casualmente o no, coincide en el tiempo con otras dos muestras de terror analógico, las películas ‘Censor’ (Prano Bailey-Bond, 2021) y ‘Broadcast signal intrusion’ (Jacob Gentry, 2021), todas ellas pesadillas metalingüísticas en en el que sus protagonistas trabajan con enigmáticas cintas de vídeo VHS que esconden todo tipo de atávicos horrores.

Frente a la exquisita limpieza de la imagen digital, la sucia aspereza de la imagen analógica es una vía expresiva óptima para los arcanos de otro mundo.

Hoy, quizá incluso más que en su día, la aparición de Sadako a través de una pantalla de televisión inundada de ruido blanco en ‘El anillo’ (Hideo Nakata, 1999), o el final abrupto, cámara analógica en mano, sigue siendo terrorífica. de ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999). En este sentido, ‘Archivo 81’ explota de manera sublime ese abismo entre lo viejo y lo nuevo a través de la experimentación y el contraste visual, y la fascinación, cuando no el fetichismo, por la tecnología retro de los años 80 y 90 para la grabación de imágenes.

Volver a los 90 La primera temporada de ‘Archivo 81’ finaliza con un detalle ‘espeluznante’ de fondo, se escucha el telediario en un televisor que anuncia la muerte de Kurt Cobain.

La línea temporal que corresponde a la investigación del edificio Visser se sitúa a mediados de los 90, época que parece haberse recuperado como revival tras el ‘boom’ ochentero post ‘Stranger Things’ (Netflix).

Es algo que demuestra el reciente estreno de ‘Yellowyackets’, en la que también aparece un cartel de Nirvana en el primer capítulo, o ‘Nuevo sabor a cereza’ (Netflix), ambientada en Los Ángeles de aquella época anterior a las dos mil.

En todos ellos, la cultura pop que definió ese momento se convierte en una forma de contextualización que en parte tiene que ver con el espíritu juvenil de las propuestas.

Sí, sus bandas sonoras están repletas de ‘éxitos’ que intentan plasmar el espíritu de la década , así como un sinfín de recursos que nos trasladan al último periodo predigital de la historia; es gracioso que desde el principio, Dan esté buscando cintas VHS y que sean lo único que tiene en su casa, como si de alguna manera estuviera atrapado en los noventa como un estado mental.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Previous
Next
Previous
Next