El cobre, el litio y los minerales raros se han convertido en elementos clave para la transición energética y la seguridad de las naciones que buscan acelerar nuevos proyectos mineros. Chile, como principal productor de cobre a nivel mundial, se encuentra en el epicentro de este movimiento. ¿Qué impacto tendrá este nuevo ciclo en las regiones donde se extraen estos minerales? Esta cuestión será el eje de la Conferencia de Regiones y Ciudades Mineras 2026 de la OCDE, que tendrá lugar en Antofagasta del 28 al 30 de octubre.
Los datos proporcionados por la OCDE revelan un panorama lleno de contrastes. Las regiones mineras disfrutan de un PIB per cápita un 2% más alto y una productividad laboral un 6% superior a las regiones rurales de la OCDE. Sin embargo, también presentan menor diversificación económica, esperanza de vida reducida y baja participación laboral femenina, ubicándose entre el 20% de las áreas con mayores emisiones de carbono.
Desafíos entre la rapidez de los proyectos y la capacidad local
Más allá de estos datos, la urgencia por acelerar la aprobación y ejecución de proyectos mineros presenta un desafío adicional: hacerlo sin sacrificar el espacio para una participación local efectiva ni la capacidad de comunidades y gobiernos subnacionales para prepararse y aprovechar las oportunidades que ofrece la actividad minera.
Además, existe un reto en la confianza. Aunque tanto la sociedad como la industria reconocen cada vez más la importancia de la minería responsable y el apoyo social para el desarrollo de proyectos, la falta de uniformidad en cuanto a la rendición de cuentas y transparencia entre las empresas y jurisdicciones, así como la complejidad de la información disponible, pueden socavar la confianza local y el respaldo a nuevas inversiones.
El trabajo de la OCDE con regiones mineras durante los últimos nueve años demuestra que fortalecer las condiciones subnacionales para vincular la minería con el desarrollo local no solo no obstaculiza la competitividad de los proyectos, sino que puede ser una condición necesaria para ella. Un compromiso temprano con las comunidades y una planificación local a largo plazo pueden facilitar los trámites de permisos y ofrecer mayor certeza a los inversores. Asimismo, contar con mano de obra capacitada, servicios adecuados e infraestructura sólida puede aumentar directamente la competitividad de los proyectos.
Este es, precisamente, uno de los temas centrales que se discutirá en la conferencia de Antofagasta: cómo aprovechar el nuevo ciclo minero para fomentar un desarrollo local sostenible, evitando reproducir los patrones de dependencia económica, bajo crecimiento demográfico o presión ambiental observados en otras regiones extractivas.
La relevancia de Antofagasta y el momento actual
Elegir Antofagasta como sede tiene un significado especial. La OCDE traslada su diálogo global sobre minería y desarrollo territorial a una de las regiones donde la interrelación entre extracción, desarrollo económico y bienestar local ha sido más intensa y prolongada.
Para Chile, ser anfitrión de este encuentro presenta oportunidades en diversos ámbitos. En primer lugar, permite posicionar al país como un interlocutor clave en el debate internacional sobre el fortalecimiento de la relación entre proyectos mineros y desarrollo regional. En segundo lugar, ofrece una plataforma para compartir experiencias chilenas, así como sus avances y aprendizajes, con representantes de otras regiones mineras del mundo, como Australia, Canadá, Colombia, España, Perú, Noruega y Suecia, entre otros. Finalmente, abre un espacio de diálogo entre comunidades del norte grande, autoridades regionales y nacionales, empresas, academia y otros actores, priorizando el intercambio de experiencias y evidencias.
Para Antofagasta, los beneficios van más allá de ser sede de un evento internacional. La conferencia proyectará a la ciudad no solo como un centro de actividad minera, sino también como un espacio de conocimiento y diálogo internacional sobre gobernanza minera. La participación de autoridades, expertos, empresas, universidades y organizaciones internacionales puede contribuir a fortalecer redes que conecten a la región con otras áreas mineras del mundo.
En octubre de 2026, Antofagasta no solo será el escenario de la discusión global sobre el futuro de la minería, sino que también se convertirá en uno de los lugares donde esa conversación puede transformarse en nuevas formas de conectar la competitividad minera con el bienestar territorial.

